El día que fui arrestado por error

El día que fui arrestado por error

Read-the-english-version-hereEl día que fui arrestado por error. Bueno, en realidad tal vez el término legal arrestado no aplique aquí ya que sólo fui detenido y esposado y por error. No cometí ningún crimen. Pero aún así lo que me sucedió sigue siendo interesante.

Imagen en la que aparece mi silueta simulando el día que fui arrestado por error.

Hace tiempo, antes de irme a estudiar a los EEUU y cuando no tenía celular y menos WhatsApp, estuve por unos cuantos meses yendo a una escuela en Guadalajara, México. Cierto día iba apenas con los minutos justos para llegar a la escuela a tiempo. No recuerdo bien pero tal vez teníamos un examen a primera hora, esa parte no estoy seguro.

El autobús

La rutina era tomar un autobús a una o dos cuadras de donde vivía. Al llegar el autobús se baja un mar de gente, cosa que normalmente no sucedía a esa hora y en ese lugar. Me subo, pago y me siento en un autobús casi vacío, también cosa rara. En total éramos seis almas a bordo: tres pasajeros, el conductor y sus dos amigos al frente. Viendo bien, el conductor y sus amigos parecían menores de edad, no lo sé con certeza, tal vez podría ser el efecto de alguna crema facial mágica que los hacía verse así, quién sabe.

El autobús entonces avanzó, aunque un poco más rápido que lo normal; lo cual una parte de mí celebró para poder llegar a tiempo a la escuela. Me llamó la atención que el conductor diera vuelta en una calle antes de donde se suponía que tenía que hacerlo. Era una calle muy angosta e incluso rozó un auto estacionado y se podía oler a algo quemado ¿sería la pintura quemada? No sé si el conductor lo notó pero siguió avanzando con más desvíos de la ruta, aún así en dirección hacia mi escuela, así que mientras me estuviera acercando a donde tenía que bajarme no protestaría.

El autobús avanzaba rápido, e incluso algunas vueltas las hacía mal ya que subía la llanta en las esquinas de las banquetas, y además los topes nos hacían volar en la parte de atrás como si estuviéramos en algún tipo de toro mecánico. Pero qué importaba, en mi mente inescrupulosa, me acercaba más rápido a la escuela y llegaría a tiempo.

La emboscada

Entonces llegamos a un semáforo en rojo, lástima, nos tuvimos que detener. Estábamos en Lázaro Cárdenas y Mariano Otero, justo por los Arcos del Milenio. En eso se para una patrulla con espacio de un carril y a nuestro lado derecho, dos policías se bajan, uno camina lentamente hacia las puertas del camión apuntando en alto su pistola hacia el conductor, el otro policía se pone detrás de la patrulla como para resguardarse mientras apunta con una pistola también hacia el conductor.

Luego sorprendido veo llegar del lado izquierdo una camioneta o furgoneta blanca abierta con varios policías, bajan varios apuntando con rifles hacia varios puntos del autobús, algunos se resguardaron detrás de la camioneta y otros avanzaron lentamente hacia nuestro autobús.

Fue interesante ver que por lo menos un rifle parecía como si me estuviera apuntando a mí, con una mejor vista hubiera podido haber visto por el orificio del arma hasta la máquina donde estaba la bala. Justo al instante llegan dos o tres patrullas más rodeando el autobús por ambos lados de atrás y otra al frente.

El conductor abre las puertas y escucho al primer policía gritar: “Bájate hijo de la […] ¿dónde está el arma?, ¿dónde está el arma?” Y uno a uno se bajan el conductor y sus amigos. Los tres son rodeados, revisados, esposados y metidos en una patrulla. “¡Ah, qué suave espectáculo! Es como si estuviera en una película”, pensé con una sonrisa en mi interior, pero fue justo ahí que caí en cuenta de la situación de que ya no había conductor.

¿Y ahora quién nos va a llevar o qué? ¿Querrán que yo maneje? Miré el volante y la palanca del autobús desde lejos, luego al cúmulo de policías allá abajo y después de fantasear pensé: “¡Nah!” Y en eso se sube el primer policía que había aparecido en escena. Un hombre grande y obeso gritando: “¿Dónde está la pistola?” Se sube otro y empieza a revisar a uno de los pasajeros que estaba a unos lugares adelante de mí y del lado derecho.

El policía obeso viene hacia mí y empieza a hablar con lenguaje florido o con muchas groserías preguntando en dónde está la pistola o quién tiene la pistola. El policía obeso me pide la mochila, y yo rápidamente me acordé de una clase en la preparatoria en la que se me dijo que el artículo 16 de la constitución mexicana te dice que nadie te puede revisar sin la orden de un juez. Pero trata de decirle eso al policiota, pues no. Entonces me dijo aún más fuerte: “¿Dónde está la pistola?” Y pues entonces no teniendo mucha opción abrí mi mochila, saqué la pistola y se la di. No, ja, ja, eso no es cierto. Obviamente no tenía ninguna pistola y se lo dije, pero creo que es parte de su trabajo no creerle a nadie.

Me pidió la mochila y la revisó, al no ver nada, me dijo que me bajara. Me bajé y abajo ya me esperaban más policías, vi al conductor y a sus amigos dentro de una patrulla mientras que a mí me llevaban hacia una camioneta abierta que había llegado después. En la parte de atrás ya estaban los otros dos pasajeros que venían conmigo y ambos estaban esposados. No dijeron nada de que teníamos derecho a guardar silencio y a un abogado y esas formalidades ja, ja.

Esposado

Al subirme, y asumiendo que me iban a hacer lo mismo, extiendo mi muñeca y le hago un gesto a un policía como si fuera un mesero de restaurante dándole a entender: “Policía, unas esposas por favor”. Entonces me esposan y pregunto:

—Y ¿a todo esto por qué no están arrestando?

—Hicieron algo muy mal. ¡No! Muuuy mal —dijo uno de los policías menos iracundos y más civilizados.

—Bueno, ¿qué hicimos? —pregunto.

Y entonces nos contó que se había reportado un camión robado a mano armada y que finalmente nos habían capturado. Aunque nunca supe qué paso con la susodicha pistola. Así, con base a eso, deduje que los dos pasajeros y yo nos habíamos subido a un camión robado. No tengo idea de a quién se le ocurriría robar un camión, levantar pasaje y seguir por la ruta, o casi… a menos que… al final no dejaran bajar a nadie y nos quisieran robar a todos los pasajeros. En fin, el camión había sido robado y recuperado.

El policía civilizado empezó a preguntarnos nuestras profesiones. Uno dijo que era estudiante de leyes y al escuchar eso, el policía dijo algo así como: “Ah, muy bien. Nos caen muy bien los abogados, los ayudamos mucho”. Y a la hora de que me preguntaron qué hacía yo, les dije que era estudiante y periodista (porque en ese tiempo le ayudaba a mis padres con su revista). Y lamentablemente ya no escuché nada a mi favor, el tiempo en que los periodistas eran respetados por muchos policías ya estaba “pasando de moda”.

Imagen de unos arcos amarillos en una calle

Los inconclusos Arcos del Milenio. A un lado de este monumento que no han podido terminar es en donde nos detuvieron.

A la estación de policía

Pasados los minutos, los policías empezaron a hablar entre ellos y a relajarse, uno estaba contando de que cuando oía que había un caso con pistolas que a él se le “enchinaba la piel de gallina” pero que “iba con todo”. Pues entonces después de unos minutos más el llamativo convoy de patrullas con torretas luminosas se empezaría a mover y nos llevarían a la estación de policía que está a un lado de la Cruz Verde en la avenida Cruz del Sur.

Justo al momento que entramos al pequeño edificio un hombre se levanta de su lugar detrás del mostrador sorprendido e incrédulo y sale regañando a un policía que nos acompañaba. El policía “oficinista” dijo algo así como:

—¿Qué están haciendo estos civiles aquí? ¿por qué los traen esposados? ¡Quítenles las esposas!

—El comandante nos dijo que los trajéramos —respondió titubeante el otro policía.

Y siguió la regañada mientras nos quitaban las esposas. Tomé mi muñeca justo después de que me quitaron las esposas, y sintiéndome soltero otra vez 🙂 , moví la muñeca para ver si todavía funcionaba, bueno en realidad nunca me habían lastimado, pero siempre veía en las películas que cuando les quitaban las esposas a alguien, se agarraban y sobaban la muñeca.

Libre

En fin, ya después de aclaradas las cosas, el oficinista nos pidió una disculpa por lo sucedido y nos dijo que nos podíamos ir. Entonces yo viendo que estaba en otro lugar y que ya era tarde, les pedí que me llevaran a la escuela. El policía de la oficina me dijo que no podía hacer eso, que era en contra de las reglas. Así que sin más tuve que salir, cruzar la calle y esperar otro autobús.

No tardó mucho en aparecer un autobús al que me subo. Una vez arriba observé al conductor y a los pasajeros, todo parecía normal y continué el viaje esperando que no nos volvieran a emboscar y detener.

En la escuela

Al llegar a la escuela, ya bastante tarde, me preguntaron por qué había llegado a tal hora. Entonces les expliqué:

—Es que me subí a un camión y nos emboscaron unos policías y nos apuntaron con sus pistolas y rifles y todos fuimos detenidos y nos llevaron a la jefatura de policía y bla-bla-blá.

—¡Ajá! —Todos riéndose, como si estuviera contando una historia inventada, pero entonces les reiteré y les dije que era verdad, y ya todos me creyeron.

Me senté y poco a poco volvió el silencio a la clase que se acostumbra cuando estamos trabajando en algún examen o ejercicio en nuestros cuadernos. En eso tocaron la puerta del salón y alguien preguntó: “¿Hay algún Jesús Rosas aquí?” Entonces levanto la mano y digo: “Yo”. A lo cual escucho: “La directora te llama a su oficina”.

Entonces, más silencio… y con intriga me levanto y me dirijo por el pasillo hasta el fondo rumbo a la dirección. Toco la gruesa puerta de madera, escucho un “adelante”, abro y la directora se levanta y extiende su teléfono alámbrico diciendo: “Tienes una llamada”. Tomo el teléfono, me acerco el auricular al oído, digo: “¿Bueno?” y del otro lado escucho: “¿Mijito? Ay, ‘Chuyito’ me tenías con el pendiente me dijeron que te habían arrestado y bla-bla-blá…” era mi mamá y yo estaba sorprendido que en menos de una hora ya supiera lo que me había sucedido en otra parte de la ciudad.

Pues resulta que una amiga de la familia, de la Iglesia a la que asisto, había pasado por el lugar donde había sucedido todo y me había visto esposado arriba de una camioneta de policía y pues le llamó a mi mamá para ver que todo estuviera bien. Y así después de escuchar a mi mamá le conté todo y la tranquilicé y le dije que sólo había robado un banco por ahí y ya. Bueno, no, eso no, ja, ja, pero sí le dije que todo había sido un error, que obviamente no había hecho nada malo y que estaba bien. Así que ya todo aclarado regresé a mi salón y a contarles a todos por qué me habían llamado a la oficina de la directora lo  cual generó más risas.

Un día de muchas sorpresas ¿no? Después de eso el día volvió a la rutina monótona, insípida y aburrida de siempre. Pero dime, ¿alguna vez te han arrestado por error? ¿has tenido alguna experiencia similar con la policía? o ¿algo con conductores perseguidos por la justicia? Si sí, compártela o deja un comentario.

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  • Alberto Loza

    amigoooo soloo a ti te tienen que pasas esas aventuras!!! jajajajajaja pues a mi solo me ha sucedido que me han asaltado!!! haa no esperaaa tambien fui a un concierto de DJ´S muy famosa en la ciudad, fuimos mi hermana un amigo y yo, al llegar resulto que el papá de este amigo es jefe de la policia de la corporacion que estaba en ese lugar cuidando el orden ya que era un gran numero de jovenes y ya sabes ya entrada la noche y con copas de mas y cervezas y cosas con alcohol pues se pone pesado el ambiente asi que lo reconocieron entramos al lugar totalmente gratis!!!! jajajaja nos ahorramos casi 900 pesos de las 3 entradas no pasamos por revision no entramos por la puerta de todos si no por donde entran los que se hiban a presentar, saludamos a unos, nos escoltaron hasta la primer filaaa casi nos sientan jajajaja y esperamos muy tranquilos a que inicara el concierto, todo mundoo nos observaba como de y ellos quien son que los van escoltando como 5 o 6 policias jajajajajaja fue muy divertidoo interesante y nos tomaron muchas fotos jajajajaja pero por que entramos como todas unas personalidades jajajajaja mmm pero creo que no se compara con la experiencia que tu viviste jejejejeje saludos.

  • Rodrigo Hidalgo

    Jajajajjajaja, que buena historia. Un gran abrazo mi querido Jesus. Nos hemos acordado mucho de ti. Espero podamos seguir en contacto y sabes que acá en SLC tienes tu casa (lo digo con precaución, porque tu si te tomas muy en serio las invitaciones).