La mejor y peor escalada de mi vida

La mejor y peor escalada de mi vida

Read-the-english-version-here“Y aconteció que al tercer día, cuando vino la mañana, hubo truenos y relámpagos y una espesa nube sobre el monte, y un sonido de trompeta muy fuerte; y se estremeció todo el pueblo que estaba en el campamento… y llamó Jehová a Moisés a la cumbre del monte, y Moisés subió.” Éxodo 19:16, 20.

Con estas palabras se describe el momento que Moisés subió al Monte Horeb en donde recibiría los Diez Mandamientos y la ley que regiría al pueblo de Israel y que de alguna manera también influiría en otras naciones y religiones. Es ahí también a donde Elías el profeta se le mandó ir y “poner[se]… delante de Jehová”.

Mi subida a ese monte fue menos espectacular y más desapercibida que la de Moisés. No hubo relámpagos ni truenos, ni una multitud esperando mi regreso pero aún así no sin mi encuentro con la deidad que fue más como el “silbo apacible y delicado” [1] que describe Elías.

Por cierto hoy la ubicación precisa del Monte Horeb se desconoce pero entre los diferentes lugares sugeridos están los picos más altos de la Península de Sinaí en Egipto. Hoy se le conoce como Jabal Musa (que significa monte Moisés en árabe) o Monte Sinaí.

Era un soleado y cálido dos de mayo; estaba en un viaje con varios compañeros de la universidad. Cerca de las 3:20 pm, hora de El Cairo, nos reunimos en la base poco arriba de un monasterio. Pude ver a los más altos y deportivos junto a un joven árabe con ropa occidental y de tez algo quemada por el sol, pronto supe que era el guía que ya estaba dando instrucciones. Entre ellas recuerdo que dijo que podíamos ir a nuestro propio paso, solos o acompañados, pero sin salirnos del camino marcado. Y lo demás creo que fue blah, blah, blah, o algo así. En mis pensamientos sería una subida relativamente sencilla de poco más de dos kilómetros. Además estaría poco empinada exceptuando la última parte que serían más de 700 escalones de diferentes tamaños.

Foto 1. Camello en la entrada junto a un señalamiento de piedra. Foto 2. Rocas escarpadas a lo alto , tierra y piedras empinadas abajo y a un lado.

1. Camello posando en la entrada rumbo hacia el Monte Sinaí or Jabal Musa en el protectorado de Saint Katherine, Península de Sinaí, Egipto. 2. Parte del paisaje antes de meterse al sendero rumbo al Monte Sinaí. Fotos tomadas por Jesús Rosas.

El guía y unos cuatro o cinco de mis compañeros comenzaron a grandes pasos; creo que avanzaban un metro por cada paso. Atrás se quedaban a pasos más lentos algunos de menor condición física. Yo traté de ser rápido hasta que me percaté de una gran desventaja, llevaba mi mochila con una laptop, un disco duro externo, mi tripié, cámara, lentes de cámara, cables, y algunas otras cosas más que aumentarían el peso de mi jornada. Con actitud airosa me convencí a mí mismo que podría fácilmente.

El recorrido inicial no estaba muy empinado, había rocas y tierra por todas partes. Casi nada de vegetación. El camino parecía el mismo, era zigzagueante entre rocas y pequeñas elevaciones. Al principio se me hizo fácil simplemente romper la regla brevemente y empezar a correr y acortar el camino sinuoso yéndome en línea recta hacia arriba hasta encontrarme con el mismo camino más adelante. Lo hice varias veces sin tener que dar tanta vuelta. En una subida así sorprendí a los de adelante que hasta uno me dijo que subía las montañas como una cabra. No sería por mucho, el peso sobre mi espalda y mi ímpetu por avanzar rápido y entre tantas rocas acortando camino empezaron a cobrar su tarifa física que muy pronto empezaría a subir como una tortuga por lento y por lo del “caparazón” de mi mochila.

Bajé la velocidad un par de veces y empecé a ver más el paisaje conforme la altura aumentaba. Tomé fotos aquí y allá, pero casi todo era igual. Tierra y piedras. En un momento pasé las tiendas de unos beduinos. Tela, madera y rocas. “¡Salaam!”, les dije para saludarlos mientras los pasaba y a lo cual correspondieron el saludo añadiendo sonrisas. Más adelante algún otro beduino esporádicamente aparecía vendiendo agua o paseos en camellos. El rítmos de vida de ellos parecía demasiado relajado y despreocupado. Y por lo menos para ellos el subir y bajar no parecía una cuestión de prisa ni competencia. Yo en cambio aceleraba y corría conforme me recuperaba del peso sobre mi espalda sin siquiera tener la necesidad de hacerlo.

Paisajes en el Monte Sinaí or Jabal Musa . En la segunda foto dos tiendas de beduinos.

1. Un beduino montado sobre su camello recorre parte del sendero que lleva hacia el Monte Sinaí or Jabal Musa. 2. Un par de tiendas de beduinos por el camino. 3. El sendero y paisaje desértico de tierra y piedras y casi nada de vegetación.

El paisaje seguía igual hasta que llegué a un pasaje angosto entre dos paredes grandes de roca como si el cerro hubiese sido atravesado. Ya para entonces se veían menos tierra y piedras sueltas y en vez de ello más formaciones sólidas de roca. Después pasé otras estaciones de beduinos más, esta vez de apariencia más permanente. Seguí avanzando, pero ya sin correr y con algunos descansos; el camino ya no era tan zigzagueante, ahora era un sendero con tramos entre rocas grandes con direcciones menos predecibles y alguna que otra bifurcación para otras direcciones. Generalmente el camino era hacia arriba pero en ocasiones había tramos planos e incluso ligera y brevemente hacia abajo.

Senderos hacia el Monte Sinaí or Jabal Musa. Caminos de piedra. Señalamiento.

1. Algunos de mis compañeros sobre parte de un camino empedrado. 2. Parte del camino en que atraviesa el cerro dejando ver dos paredes de piedra. 3. Un señalamiento en árabe e inglés indicando las escaleras hacia el monasterio.

 

Base de beduinos en el camino. Hombres descansando.

En esta foto se ve otra base de beduinos al lado del camino hacia el Monte Sinaí.

 

Durante mi camino me pasaron algunos compañeros y después yo a ellos y así alternativamente. Ya para este punto de la caminata el peso de la carga estaba haciendo un efecto intenso. Sentía el rigor del esfuerzo y peso en mis rodillas.

Al llegar a la última parte frente a las escaleras de más de 700 escalones me propuse subirlas tan rápido como pudiera. En esos tiempos solía subir escaleras corriendo y saltando de dos a tres escalones y por lo tanto quise intentarlo. Obviamente no duré mucho, empecé a bajar la velocidad. A unos metros antes de llegar a la cima mis rodillas empezaron a temblar, y parecía que la rótula, los músculos y tendones de mis rodillas empezaran a quemarse. También sentía como si algo me jalara hacia abajo y yo me resistía, con tripié y cámara en mano seguía hacia adelante, los hombros me dolían por la mochila y en un momento empecé a sentir que mis pies ya no podían levantarse a la altura necesaria para el siguiente escalón.

Bajé la velocidad aún más pero determinado a no parar por más de unos segundos. Y así cada vez más lento después de una subida forzada sin mesura y descanso lo había logrado. Justo después del último escalón levanté el pecho y caminé todavía con rodillas inestables y con un ligero dolor agudo, pasé al lado de una pequeña capilla construida ahí en la cima, sentí el aire fresco y me acerqué a donde estaban mis demás compañeros dejando mi carga en el suelo. Me sentí liberado.

Escaleras en el primer plano. Al fondo montañas.

En el lado inferior iquierdo se puede ver parte final de las escaleras que llevan al Monte Sinaí. No todos los escalones son así de uniformes.

Ya arriba me uní a mis compañeros. Todos observamos a nuestro alrededor, comentamos lo que veíamos, bromeamos, tomamos fotos, descansamos, y algunos regresaron.

Vista desde el Monte Sinaí.

Vista desde el Monte Sinaí.

Vista desde el Monte Sinaí.

Vista desde el Monte Sinaí.

Vista desde el Monte Sinaí.

Vista desde el Monte Sinaí.

Entre todo eso que hicimos fue interesante ver a uno de mis compañeros hablar por teléfono desde la cima. Claro, yo también lo hubiera hecho de haber tenido cobertura internacional. Qué gusto poder llamarle a alguien y poder decirle, “hola, te llamo desde el Monte de Moisés en la Península de Sinaí en Egipto ¿qué andas haciendo?” je, je.

Hombre vistiendo naranja y gris con teléfono celular en la cima del Monte Sinaí. Chica con botella de agua a un lado.

Compañero de la escuela llamando a su esposa desde la cima del Monte Sinaí.

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Después de explorar la vista me asomé por una apertura de la capilla para ver qué había adentro y vi unas imágenes. Hoy sé que la capilla se llama la Santa Trinidad (the Holy Trinity) y que según fue reconstruida en 1934 sobre las ruinas de una iglesia del 4to y 5to siglo [2]. No había mucho que ver pero me pregunté por qué lo tenían cerrado. Tal vez no tendrían suficiente personal para cuidar esa parte. En otros lugares alguien pondría una persona de guardia y cobraría por entrar a ver esas imágenes.

Varias tomas de la capilla la Santa Trinidad sobre el Monte Sinaí. Tomas de la campana, ventanas y cruz.

Capilla la Santa Trinidad sobre el Monte Sinaí.

Pinturas en el interior de la capilla de la Santa Trinidad. Papeles en el piso. Ornamentos de madera al fondo.

Fotos de las pinturas en el interior de la capilla la Santa Trinidad en la cima del Monte Sinaí. Las puertas estaban cerradas y tomé las fotos por una pequeña apertura.

 

Jesús Rosas a un lado de la capilla la Santa Trinidad en la cima del Monte Sinaí.

Foto de mí a un lado de la capilla sobre la cima del Monte Sinaí.

Seguía en la cima cuando llegaron algunos más de mis amigos y seguí tomándome fotos con ellos. Luego nos tomamos una foto mi maestro y algunos de mis compañeros.

Foto de Jesús Rosas y alumnos de la Universidad de Brigham Young y el profesor Dilworth Parkinson en la cima del Monte Sinaí.

Foto de grupo con mi maestro Dilworth Parkinson (al centro con camiseta polo en azul marino) y algunos de mis compañeros en la cima del Monte Sinaí. Y yo cuando traía cabello algo largo (segundo de izquierda a derecha).

Gato blanco con un poco de negro en la cima del Monte Sinaí.

Y también tomé un minuto para capturar a este gato que parecía vivir ahí. Probablemente alimentado por los turistas y beduinos.

Después de unos minutos cuando ya se había ido la gran mayoría de mi grupo tomé unos momentos para sentarme sobre una gran superficie sin gente. Observé la gran vista frente a mí y medité en ese pasaje de las escrituras donde Moisés hablaba con Dios y recibía la ley. También pensé en las otras cosas como la higuera ardiente y Moisés quitándose el calzado. Hice una oración en silencio y agradecí. Ahora mis ojos se habrían, ya no era un paseo más con amigos entre cerros. Ahora era un momento de apreciar el significado de lo que podría ser ese lugar. Tal vez el lugar exacto se desconozca y tengamos que conformarnos con lo que la tradición diga, pero mirar las otras montañas y el cielo me hizo recordar lo pequeño que es uno y lo grande que es El Autor de todas las cosas. Estar ahí me hizo pensar en los Diez Mandamientos y hoy de igual manera puedo hacerme la pregunta ¿cómo estoy con ellos? Fue un momento preciado para meditar en esas y otras cosas más personales. Fue entonces que puede sentir un momento de paz, tranquilidad y esperanza. Un verdadero “silbo apacible y delicado” al corazón.

Y tú ¿recuerdas los diez mandamientos? Si quieres puedes leer una breve repasada y definición de los Diez Mandamientos aquí (enlace externo).

Y en conclusión, así fue mi subida a la montaña de Moisés. El regreso fue mucho menos complicado. Llegué a nuestro primer punto de encuentro a las 6:45 pm. Realmente no era para haber batallado tanto pero fue mi carga y el andar corriendo lo que hizo que fuera más difícil para mí que ningún otro en términos de resistencia para poder subir esta montaña. Creo que a veces así es la vida, llevamos carga extra que no es necesaria. Carga física, mental, emocional, espiritual o de cualquier índole. También tratamos de dejar el camino tratando de acortarlo para ir más rápido o buscando algo que nos gratifique más en el momento pero que al final complica más las cosas. Ese camino que dejamos podrían ser los principios que se nos enseñan, los buenos consejos. las leyes o ejemplos positivos de aquellos más experimentados.

Pero subir al Monte Sinaí no sólo ha sido la escalinata más complicada de mi vida hasta ahora. Al mismo tiempo ha sido la más gratificante y significativa, y no tanto por la vista en si sino por lo que representa, por las lecciones que aprendí y sobre todo por lo que pude experimentar en un momento apartado en la serenidad, placidez y sosiego. Es algo que al final de cuentas no se puede comprender o entender y uno simplemente tiene que decir que tiene que ver con la fe.

Y para ti ¿cuál ha sido la montaña más difícil, interesante y/o significativa que has subido? Comparte abajo en la sección de comentarios.

Si deseas información sobre las rutas del Monte Sinaí y un poco, puedes ver Mount Sinai, A Walking Trail Guide (sitio en inglés).

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  1. 1 Reyes 19:12 Versión Reina-Valera 1960. La versión Reina-Valera 2009 dice “voz apacible y delicada”.
  2. Bolen, Todd. “Jebel Musa (Mt. Sinai?).” Bible Places. Www.bibleplaces.com, n.d. Web. 10 Apr. 2015. <http://www.bibleplaces.com/jebelmusa.htm>.

  • Ryan B

    Gracias por compartir su vieja a Sinai!

    • Creo que quisiste decir viaje (trip) no vieja (old woman) 🙂 Saludos, amigo.

  • Luis

    excelente!! la verdad yo tambien he hecho varios viajes y el ultimo que hice fue en Venezuela, lo mejor fue en la ciudad de Mérida, hay un hermosa lugar que se llama pan de azucar y las escalada es enorme, les recomiendo ir. Siempre que quieran hay lugares que les daran info. Yo me fui por http://buenaltura.com/ pero hay varios!!